Se enciende, se prende,
alumbra y apaga
la hoguera solitaria
acompañó a la muerte,
un madero viejo
descansa entre las llamas
su astilla profunda se
vuelve carbón, cenizas, llamarada.
Arde en las noches cual
prófuga del infierno
y abriga el destino de
aquel chamusquero.
Revuelve el humo de sus
leños
y cambia el camino de
su viento.
Las llamas se extienden
entre indios y negros,
La hoguera huele a
caucho, a waira quemada;
hombres azules, de
plumaje de cóndores, loros y guacamayas
defienden su tierra de
las llamas de Arana,
y de su látigo de
sangre con el que mata indignado:
al indio, al campesino
y a su selva que se apaga entre las llamas.